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Mestizaje, racismo y afrodescendientes en México: un análisis históricoMiscegenation, racism and afro-descents in Mexico: an historical analysis

María Elisa Velázquez
janvier 2018

Résumés   

Résumé

Au Mexique, les problématiques du racisme ont été occultées et niées. L’idéologie du « mestizaje », entre indigènes et espagnols essentiellement, fut utilisée entre autres choses, pour nier la participation des africains et des afro-descendants dans la société mexicaine. Ce texte réfléchit sur l’importance des populations afro-descendantes au Mexique, depuis leur arrivée forcée pendant la période coloniale jusqu’à nos jours, avec la conviction selon laquelle l’analyse historique est essentielle pour comprendre les enjeux du présent. De plus, cet article discute les différences entre le « mestizaje » comme processus historique et social d’échange et coexistence, et l’idéologie du « mestizaje » comme dispositif niant la pluri-culturalité qui caractérise la société mexicaine et en particulier, la participation active des populations d’origine africaine.

Abstract

In Mexico, the problems of racism have been hidden and denied. The ideology of "mestizaje," fundamentally between indigenous and Spanish, has been used among other things, to deny the participation of African and Afro-descendant people in Mexican society. This text reflects on the importance of Afro-descendant populations in Mexico, from their forced arrival in the colonial period to the present day, with the conviction that historical analysis is essential to understand the challenges of the present. Furthermore, this article discusses the differences between "mestizaje" as a historical and social process of exchange and coexistence, and the ideology of "mestizaje" as a device to deny the pluriculturality that characterizes Mexican society and in particular the active participation of Populations of African origin.

Extracto

En México, las problemáticas del racismo han sido ocultadas y negadas. La ideología del “mestizaje,” fundamentalmente entre indígenas y españoles, ha sido utilizada, entre otras cosas, para negar la participación de las personas africanas y afrodescendientes en la sociedad mexicana. Este texto reflexiona sobre la importancia de las poblaciones afrodescendientes en México, desde su llegada forzada en el periodo colonial hasta nuestros días, con la convicción de que el análisis histórico es esencial para comprender los retos del presente. Además este artículo discute las diferencias entre el “mestizaje” como un proceso histórico y social de intercambio y convivencia, y la ideología del “mestizaje” como un dispositivo para negar la pluriculturalidad que caracteriza a la sociedad mexicana y en particular la activa participación de las poblaciones de origen africano.

Index   

Index de mots-clés : histoire, racisme, Métissage, afro-descendants (Mexique).
Index by keyword : history, racism, Miscegenation, afro-descents (Mexico).
Índice de palavras-chaves : racismo, Mestizaje, afro-descendientes (México), historia.

Texte intégral   

Introducción

1La sociedad mexicana, suele pensarse “mestiza”, como resultado fundamentalmente de dos culturas: la indígena (como una sola y homogénea) y la española, como única también. ¿Qué significa ser mestizo en México? Este término apareció desde el periodo colonial y según los diccionarios de la época significaba hacia el siglo XVII: el que es engendrado de distintas especies de animales1 y después de un siglo, en el XVIII, como: que se aplica al animal de padre y madre de diferentes castas2. Del principio de “mezclar”, esta idea de la unión o combinación de diferentes “castas” fue cambiando por la definición de distintas “razas”, así lo define el Diccionario de la Lengua Española actualmente: Dicho de una persona: nacida de padre y madre de raza diferente, en especial de blanco e india o de indio y blanca3. Es decir, es casi una verdad “universal” que el mestizo se compone de “india y blanco” o viceversa, pero además de distintas “razas”.

2A pesar de que desde el periodo colonial el término mestizo apareció en documentos de diversa índole, el auge de este vocablo comenzó en México hacia el siglo XIX con la creación de una fuerte idea, fundamentalmente política, sobre la necesidad de unificar al naciente Estado independiente y en particular de “integrar” a los diversos grupos indígenas en una sola nación. Es decir, la concepción del mestizaje, aunque estuvo presente desde la época virreinal, se desarrolló de manera importante a partir del siglo XIX en el contexto de los años que siguieron a la Independencia de México y ante la serie de problemáticas económicas e internacionales que se vivían, entre ellas, las intervenciones europeas y estadounidenses.

3Para comprender el sentido del mestizaje en países como México, pero particularmente el lugar de las poblaciones afrodescendientes en este proceso es imprescindible hacer reflexiones históricas. Este artículo tiene el propósito de exponer algunas ideas relacionadas con los procesos de intercambio y convivencia que se vivieron en México y el surgimiento del racismo científico vinculado estrechamente con el desarrollo del Estado nación y la ideología del mestizaje. El análisis se preocupa por entender y distinguir al mestizaje como un proceso ideológico pero también social. Desde hace varios años se ha criticado la idea del mestizaje como un proyecto de nación que silencia y menosprecia la participación de los diversos grupos indígenas, pero además que desdeña su importancia en la conformación de la sociedad mexicana4. El mestizaje ha sido visto como una ideología que suprime las diferencias y con ello pretende disolver las desigualdades, dice Catharine Good: “Dentro del mestizaje se ocultan las enormes diferencias de clase y estrato social, se borra una multitud de culturas regionales e identidades locales” (1998:127). Aunque coincido con ello, en este texto se discute que el mestizaje puede entenderse también como un proceso social, particularmente vinculado con las poblaciones afrodescendientes y que los procesos de intercambio y recreación cultural fueron fundamentales en sociedades como la mexicana.

4En este texto se reflexiona sobre la participación de las y los africanos y afrodescendientes que arribaron fundamentalmente a lo largo del periodo virreinal, considerando que el mestizaje en México puede entenderse desde dos perspectivas: una, como ideología que empezamos observar desde el periodo virreinal, que se desarrolla en el siglo XIX y consuma en el XX y otra, como un proceso histórico complejo y heterogéneo con diferencias regionales, contradicciones y similitudes. Antes de comenzar esta reflexión es necesario hacer algunas aclaraciones sobre los términos y categorías utilizadas para diferenciar a las poblaciones en la Nueva España y las dificultades que la “mezcla,” el intercambio y la convivencia entre grupos significó para la clasificación.

Distinguir, nombrar y clasificar: los problemas de las “castas”, “razas” y el mestizaje

5En 1777, por orden de Carlos III se levantó un padrón del Arzobispado de México que ocupaba una extensa parte del territorio de la Nueva España, formada por los hoy estados de Morelos, Hidalgo, Querétaro, gran parte de Guerrero, fragmentos de Veracruz y San Luis Potosí, así como el Estado de México y la Ciudad de México. Con nuevos criterios de clasificación y catalogación, propios de la Ilustración, el padrón pretendía registrar las “clases, calidades y estados” de la población novohispana. Este documento constituyó un antecedente importante para el famoso censo de Revillagigedo, el primero llevado a cabo de manera general en la Nueva España. El padrón solicitaba datos sobre las “calidades” refiriéndose, según el historiador Ernesto Sánchez, a las características “raciales” de los habitantes de la Nueva España, aunque sabemos que este término también abarcaba aspectos como el prestigio social, el oficio y la situación económica. La instrucción del padrón ordenaba registrar por separado a españoles, indios y negros, y también a los grupos resultado del mestizaje, como castizos, mulatos o lobos.

6Las mezclas entre grupos y lo complejo de los intercambios en la sociedad novohispana del siglo XVIII, mostró las dificultades de diferenciar familias “españolas”, “indias” o “negras”. Joseph Antonio de Vía, juez eclesiástico del curato de Santiago de Querétaro, expresaba los problemas que le habían impedido hacer un recuento de los diferentes grupos de “calidades”, de la siguiente forma:

[…] Que no se ha formado un Padrón para solo españoles, otro separado para solos mestizos, otro para mulatos, y otro para indios porque de todas las castas que viven en Ciudad, y en una misma casa suelen hallarse de todas las calidades, y aun en una misma familia se ve que el Marido es de una, la Mujer de otra, y los hijos de otras: por ejemplo el marido español, la mujer india y los hijos mestizos, y por la misma razón no se anotaron al contramargen las familias, pues debería hacerse la misma separación, entresacando ya españoles, ya mestizos, ya indios en las casas de los numerosos vecindarios de esta ciudad[…]5

7En varios documentos del periodo virreinal, en particular en testimonios de la Inquisición, se hacen descripciones físicas pormenorizadas de mujeres y hombres relacionados con los casos de demanda o procesos inquisitoriales. Muchas veces, sobre todo en el siglo XVIII, leemos términos o categorías como: “lobo”, “coyote”, “zambo”, “pardo” o “mulato”, pero otras tan complicadas y ‘barrocas’ como “mestindio,” “indio amulatado”, e incluso más complejas como, “mestizo amulatado”. En ciertos casos, un mismo individuo es caracterizado por alguien como indio y por otra persona como mulato. Suelen leerse también en los documentos denominaciones como: “mulato blanco de pelo liso” o “indio de pelo chino”. ¿Qué reflejan estos términos, algunos tan absurdos e incomprensibles? Entre otras cosas el evidente intercambio y convivencia entre grupos durante la época virreinal, y por otro lado la casi obsesiva necesidad de crear definiciones y términos de diferenciación a partir, sobre todo, de las ideas del siglo XVIII.

8Analicemos el papel y los significados de las denominaciones o categorías que se utilizaron en el periodo colonial, para entender su significado en la época. Nación fue sinónimo de origen cultural, como lo señalan los diccionarios del periodo u “de lugar de nacimiento” de los “habitadores” de una provincia6. Así puede observarse en muchas fuentes documentales las referencias a los esclavos como de “nación Congo” o “nación Angola”. Por otra parte el término casta, estuvo vinculado estrechamente con la idea de mestizaje, “las castas” fue una denominación que se utilizó frecuentemente para hablar de las diversas descendencias en la Nueva España, fundamentalmente las de mulatos, morenos o pardos, mestizos, lobos, coyotes o zambos, dependiendo de la región. Es interesante, que en el Diccionario Covarrubias de 1610, la palabra “casta” aluda al “de linaje noble y castizo”, “el que es de buena línea y descendencia”, es decir, que ésta, no era, por lo menos formalmente, una categoría despectiva. Posteriormente, en el Diccionario de Autoridades de 1737, el término casta significa además “generación y linaje que viene de padres conocidos”, “hacer casta, procrear y tener hijos”, lo que también recuerda la intención y los propósitos de las famosas obras pictóricas conocidas como cuadros de castas o de mestizajes, a los que se hará referencia más adelante.

9Como puede observarse, el uso de la categoría de “castas” en la Nueva España fue muy distinto al de otras sociedades, en donde hubo separación estricta y casi absoluta entre diferentes grupos, en términos jurídicos, laborales, de residencia y parentesco. Finalmente la categoría raza, también fue utilizada, aunque con menos frecuencia desde el siglo XVI en la Nueva España, pero con un significado muy diferente del que tuvo hacia mediados del siglo XVIII. Hasta entonces raza, tenía connotaciones de linaje, de origen de nación. Es significativo hacer notar que el diccionario del siglo XVII no registra esta palabra y el de la primera mitad del siglo XVIII se refiere a raza como casta o calidad del origen o linaje. Como veremos posteriormente el término raza adquiere nuevas connotaciones a partir del discurso “pseudocientífico” del siglo XVIII y del XIX cuando comenzó a usarse frecuentemente.

10Autores como Banton (1998), Mörner (1969) y más tarde Wieviorka (2009), han hecho énfasis en las diferencias sobre el sentido de raza entre los siglos XV y XVIII. Por ejemplo, según Mörner, antes del siglo XVI la valoración diferencial de las razas humanas era poco notable. Sin embargo, varios historiadores, en su mayoría estadounidenses, afirman que el racismo se hizo presente en la Nueva España a partir de la conquista española. Por ejemplo, se afirma, que el racismo se expresó a través de la formula conocida como “limpieza de sangre”, que suponía demostrar ante las autoridades virreinales y metropolitanas, que la persona con aspiraciones a ocupar cargos de “honor” no tuviera antecedentes familiares o de parentesco de judíos o musulmanes. Esta norma, tenía que ver más con asuntos religioso-políticos heredados de la larga guerra de Reconquista que España había terminado justamente hacia 1492. También el paganismo, como lo señala Mörner, proporcionaba una excusa útil para la conquista y esclavización. Es cierto, que muchas veces usaron el argumento de la limpieza de sangre con los mulatos, pero también, existieron formas ‘ilegales’ para blanquear o corregir los antecedentes7.

11Finalmente el término “calidad” que han analizado historiadores de la época colonial, parece más atinado para entender la complejidad de la identificación y las denominaciones. Pilar Gonzalbo (1998: 13-14) y Robert McCaa (1993) han subrayado la importancia de la situación familiar, el reconocimiento social, la categoría asignada a la profesión u ocupación y el prestigio personal, como elemento indispensables para comprender las distinciones sociales. De acuerdo a esto el término calidad, era utilizado en la época como concepto que englobaba consideraciones de raza, dinero, ocupación y respetabilidad individual o familiar.

12En suma, estas variables ayudan a explicar los intercambios culturales, la convivencia de diversos grupos en la vida cotidiana y los procesos de mestizaje. La valoración de las personas, por lo menos hasta mediados del siglo XVIII, parecen haberse basado más en la posición económica y el reconocimiento social, que en una discriminación o segregación abierta con relación al color de la piel. Si bien es cierto que la esclavitud se vinculaba con una condición servil, menospreciada y asociada con la población africana, por lo menos para estos siglos, ésta no constituyó una barrera insalvable para la convivencia, el intercambio y ciertas oportunidades económicas. No puede negarse que las distinciones “raciales” ocuparan un lugar en la sociedad novohispana, pero fueron mucho más complejas y fáciles de manipular que en otras sociedades y en tiempos posteriores. Tampoco debe olvidarse que la población indígena siempre fue mayoría frente a otros grupos como los de origen africano o los españoles.

13¿Cuántas categorías se tendrían que inventar para identificar a los múltiples mestizajes que se vivieron en aquella época en la Nueva España?, y ¿cuántas denominaciones se han creado hoy en día, en censos, para explicar los complejos procesos de intercambio entre distintos grupos? ¿Cómo distinguir y explicar las formas de convivencia e intercambio, de creación y reproducción cultural sin hablar de “mestizaje”? ¿Es necesario crear nuevos conceptos que ayuden a entender estos procesos?, ¿son necesarios nuevos significados?, o ¿sólamente es cuestión de interpretación? ¿Por qué hoy en día, gran parte de las personas afrodescendientes en México, incluso de las comunidades más representativas como de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, no conocen esta historia, no saben por qué tienen un color de piel más obscuro o fiestas, rituales o costumbres distintas a las de los pueblos indígenas? Para responder a parte de estas preguntas, en este texto se comienza con la reflexión sobre el mestizaje como una ideología que se gesta desde la época virreinal y del mestizaje como un proceso de intercambio y convivencia.

La ideología del mestizaje y el mestizaje como proceso histórico

14Desde la conquista de México, surgió en la Nueva España un interés por distinguir lo americano de lo europeo, lo propio de lo “de la metrópoli”. Los criollos, hijos de españoles nacidos en México, entre ellos importantes figuras como sor Juana Inés de la Cruz, o Sigûenza y Gongora, hicieron hincapié en rescatar y valorar los atributos y virtudes de la América. Hacia el siglo XVIII, el “patriotismo criollo”, como lo ha llamado el historiador Enrique Florescano, fue más allá: enalteció a las culturas prehispánicas, comparándolas con las civilizaciones griegas y romanas, considerando el mestizaje entre “indios” y “españoles” como una mezcla, hasta cierto punto positiva y con características particulares. El patriotismo criollo divulgó también la idea del mestizo como producto de los “hijos de la Malinche y Hernán Cortés”, fortaleciendo la imagen de los “novohispanos” como beneficiarios de la “América Abundante” de Sor Juana:

[…] Que yo señora, nací

en la América abundante,

soy compatriota del oro,

paisana de los metales

adonde el común sustento

se da casi tan de balde,

que en ninguan parte más

se ostenta la tierra Madre…8

15Esta exaltación de lo propio respondió a un contexto histórico. A lo largo del siglo XVII, la Corona Española enfrentó problemas económicos en Europa, que propiciaron un desarrollo interno en la Nueva España; los criollos ocuparon puestos públicos importantes y tuvieron mayores posibilidades económicas, entre otras cosas, a través del control del comercio interno. Fue también durante esa época, cuando devociones americanas como la de la Virgen de Guadalupe o Santa Rosa de Lima, tuvieron su mayor auge, así como las expresiones barrocas en el arte y los oficios. También fue un periodo de motines en algunas ciudades de la Nueva España y de los asaltos de los cimarrones liderados por Yanga en Córdoba, Veracruz (Naveda, 2008).

16El siglo XVIII y la llegada de los Borbones a España, instauró nuevas medidas sociales, económicas y políticas que reafirmaron, y en ciertos casos radicalizaron, las ideas del patriotismo criollo. Las reformas borbónicas en la Nueva España restaron poder a los criollos y atentaron contra “usos y costumbres” de la sociedad novohispana. Los famosos cuadros de castas o de mestizaje describieron las características de la sociedad novohispana, mostrando su complejidad y tratando de catalogar las diferencias, cuando éstas, como lo expresó el juez eclesiástico de Querétaro, eran prácticamente imposibles de llevar a cabo. Vale la pena subrayar que los cuadros de castas, fueron pinturas que se elaboraron con el fin de dar a conocer, particularmente en Europa, las particularidades de la sociedad novohispana, por ello, la mayoría de estos cuadros se encuentran en España. Elaborados a lo largo del siglo XVIII, se sabe que el primer cuadro de castas apareció en 1711 representando a una mulata de la Ciudad de México (Velázquez, 2006). Es notable que todas las series de cuadros de castas tengan la presencia de los africanos o afrodescendientes vinculados fundamentalmente con las y los españoles. Muchos de los términos utilizados solo fueron mostrados en estas pinturas y en algunas referencias de cronistas como el Padre Ajofrín. Sin embargo, la mayoría de estas categorías, entre ellas, “tente en el aire” o “salta pa´tras” nunca fueron utilizados ni en la vida cotidiana, ni en los registros parroquiales o en la actas notariales.

17A pesar de que las ideas de las diferencias “raciales” y por lo tanto de un discurso sobre los rasgos físicos y el color de la piel asociados a culturas “superiores e inferiores” se propagaron desde por lo menos mediados del siglo XVIII, en los cuadros de castas todavía se puede distinguir el interés por reconocer la diversidad y la complejidad dentro de una identidad hasta cierto punto común. Es interesante observar, por ejemplo, cuadros de castas, en los que aparece la Virgen de Guadalupe, como patrona de la sociedad mexicana “cubriendo o protegiendo” a todas sus “castas”. En suma, es a mediados del siglo XVIII cuando la noción de mestizaje comienza a tener un nuevo significado.

18La antropóloga Catharine Good sostiene que una característica que se detecta en el esquema ideológico del mestizaje en México es “la fusión de un proceso biológico con un proceso cultural, ya que supuestamente se asimilan a todos por medio del “mestizaje”:

[…] La historia misma se convierte en la narración del proceso inexorable de la tranformación del indio y todos los otros, incluyendo la población de origen africano en mestizos portadores de una cultura nacional uniforme... (1998:126 )

19Obviamente esta ideología decimonónica del mestizo mexicano también respondió a contextos históricos. Como es bien sabido, a principios del siglo XIX, México se independizó de España y comenzó a vivir un largo proceso de luchas internas entre liberales y conservadores. Los proyectos de la nueva nación consideraban como un impedimento la diversidad cultural en un territorio extenso, con marcadas diferencias regionales en la economía, la sociedad y la cultura. Además las amenazas continuas de intervenciones extranjeras, hacían necesaria la consolidación interna que, aunque no justifica el interés por la construcción de una sociedad mexicana homogénea, la explica.

20Quizá lo más significativo de esta ideología mestiza sea, como lo advierte el mismo Navarrete (2015), el truco ideológico de amalgamar lo “biológico con lo cultural” es decir lo “esencial con lo histórico”. Este mestizo, denominado por Navarrete como una especie de Frankenstein, albergaba una contradicción fundamental: reunía la sangre de dos “razas” pero para sus progenitores era claro que la blanca era la superior, la más racional, la más evolucionada, mientras que la indígena estaba dotada de “virtudes vagas”. Por ello, dice Navarrete, que el único resultado deseable era el “blanqueamiento” de los indios, nunca la indigenización de los blancos. Se trataba de “mejorar la raza”, no de echarla a perder.

21Así lo expresaron varios pensadores de la época como Francisco Pimentel (1904), intelectual y funcionario de finales del siglo XIX, miembro de varias sociedades científicas y literarias de México, Europa y Estados Unidos, quien dio respuesta a la solicitud del entonces Ministro de Relaciones Exteriores, quien pedía su opinión sobre la posible introducción de "negros" de Estados Unidos a México para la colonización de tierras tórridas en 1879. En una carta de respuesta, Pimentel respondió, entre otras cosas, lo siguiente:

[…] Pues bien, ¿será la degradada raza negra la que venga a corregir a los indios, o será mejor que nuestro Gobierno proteja la colonización del morigerado belga, del industrioso inglés, del emprendedor alemán? (1904: 512)

22Federico Navarrete (2015) sostiene que la idea de los “mestizos mexicanos” fue resultado del proceso de desarrollo capitalista de la segunda mitad del siglo XIX, muy vinculado con las profundas reorganizaciones económicas, ecológicas y geográficas que rompieron las bases de reproducción social de muchas comunidades indígenas. Navarrete señala que el Estado Mexicano adopta políticas de discriminación contra las lenguas y culturas indígenas, desarrollando lo que el antropólogo Guillermo Bonfil llamó la “desindianización” de la población nacional. También hace hincapié en que intelectuales de finales del siglo XIX y principios del XX, cercanos al Estado, desde Justo Sierra en el Porfiriato, hasta Andrés Molina Enríquez, Manuel Gamio y José Vasconcelos, construyeron la ideología del mestizaje que se convirtió en la ideología nacionalista hegemónica de México (2015: 127-149)

23Para Navarrete, como para otros historiadores y antropólogos, la figura del mestizo y su capacidad de transformación hacia nuevas políticas e intereses económicos impide enfrentar el racismo que permea a la sociedad mexicana y el reconocimiento de la pluralidad étnica, cultural, religiosa, regional y social que caracteriza a México. Catharine Good, por ejemplo, afirma que el mestizaje convierte a los distintos grupos en masas sociales que necesitan la acción “integradora” de las instituciones del Estado (1998:127). Para Good, bajo el término “mestizo” desaparecen los africanos y sus descendientes; también los chinos, los filipinos, los libaneses, los españoles, los menonitas, entre otros, sin mencionar toda la diversidad de pueblos indígenas (1998:127). En suma, el único camino para el reconocimiento de la diversidad y heterogeneidad social y cultural que caracteriza a los mexicanos, es para Navarrete, Good y otros estudiosos la “deconstrucción del mestizo”.

24Ahora bien, la historia de las poblaciones afrodescendientes difícilmente podría entenderse sin los procesos de convivencia, intercambio y reproducción cultural. Reflexionemos sobre el mestizaje como un proceso social entre distintos grupos.

25En los años de 1950, Gonzalo Aguirre Beltrán, dio a conocer, a través de un trabajo minucioso de censos y fuentes demográficas de la Nueva España, datos contundentes sobre la población en México. Por ejemplo, entre otras cifras, reveló que en varios periodos y en distintas regiones, la población africana constituyó un número más representativo que él de los europeos; así mismo, que los grupos, resultado del mestizaje, comenzaron a crecer notablemente en México desde la segunda mitad del siglo XVII.

26 Las investigaciones históricas atestiguan que alrededor de 250,000 personas esclavizadas arribaron a la Nueva España a lo largo del periodo virreinal, sin contar con aquellos que llegaron por contrabando, cifra difícil de estimar. Provenientes de la región de Senegambia, África Central y Oriental, hombres, mujeres y niños fueron ocupados en la minería, agricultura, especialmente en las haciendas cañeras, los obrajes, así como en diversos talleres de oficios y en el trabajo del hogar en casas particulares, haciendas, conventos o iglesias. Testimonios de diversas fuentes documentales en archivos parroquiales, notarías o inquisición, dan cuenta de la importancia de la convivencia y el intercambio entre grupos culturales en la Nueva España. Varias circunstancias explican la posibilidad de estos mestizajes. Por una parte, debe considerarse que la iglesia católica nunca prohibió las uniones entre diferentes grupos. Si bien existieron leyes y normas, como las que se observan en la Recopilación de las Leyes de Indias, que recomendaban los enlaces entre los mismos grupos, la Iglesia siempre tuvo que defender el sacramento del matrimonio que se basaba en la libre elección de los conyugues. Por otra parte, existieron espacios sociales para la convivencia y el intercambio: mercados, cofradías, procesiones, fandangos, cocinas, conventos o talleres artesanales estuvieron formados por pueblos originarios, como nahuas, mayas, otomíes o mixtecos, españoles de diversas regiones de la Península Ibérica y africanos wolofs, mandingos, angolas, congos o cafres.

27 Las relaciones “informales”, es decir, fuera del matrimonio explican también el crecimiento de los mulatos, mestizos, pardos o morenos y de los grupos que desde el siglo XVI se incrementaban como producto del mestizaje. Historiadores como Pilar Gonzalbo (1998) o Juan Javier Pescador (1992) han demostrado que en la época colonial casi un 51% de hijos ilegítimos en la sociedad novohispana. Finalmente las oportunidades y posibilidades de mejores condiciones de vida también fueron razones para que por ejemplo, personas esclavizadas de origen africano buscaran enlaces o uniones con mestizos, criollos o indígenas.

28Varias corrientes historiográficas en México, como las que surgieron a partir de la escuela de los Anales, entre ellas las de “las mentalidades” y aquellas con enfoques antropológicos, se han preocupado por entender los procesos sociales, económicos y culturales a través de una interpretación de su contexto, es decir, tomando en consideración su tiempo y espacio. Desde estas corrientes historiográficas el mestizaje ha sido observado como un proceso que comenzó prácticamente desde la conquista de México en 1521 y que fue creciendo a lo largo del periodo virreinal y del siglo XIX. Este proceso no tuvo las mismas características en todo el territorio y en todos los tiempos. Fue distinta la conformación en los estados del Norte, formados por indígenas, muchas veces de regiones del centro y sur, que la del Centro del territorio mexicano, conformado por diversos grupos, entre ellos muchos de origen africano que finalmente el Sur, en donde predominaron las comunidades indígenas.

29Por lo tanto, es cierto que los intercambios y la convivencia entre distintos grupos, no fue similar en todas las regiones y en todos los tiempos. Sin embargo, fue una constante que caracterizó, no sólo a México sino a muchas de las sociedades de países de Centro y Sur América. Ahora bien, ¿qué pasó con los africanos y afrodescendientes? ¿Cómo entender su participación en estos procesos de intercambio y mestizaje, pero sobre todo el silencio y el racismo que existe sobre su participación en el pasado y presente de la sociedad mexicana, así como la serie de prejuicios y manifestaciones racistas que enfrentan? Reflexionemos sobre ello.

Racismo, mestizaje y afrodescendientes

30La idea de que las personas afrodescendientes son extranjeras y la ignorancia sobre su importancia en el conformación de México es notoria en la sociedad mexicana. Incluso entre las mismas comunidades afrodescendientes de los estados de Guerrero y Oaxaca, en donde a pesar de que lo menos desde hace 20 años existen procesos de politización y reconocimiento, la gran mayoría de las personas piensan que son morenas o negras por el sol, por un barco que encallo, o por unos cubanos que llegaron a esa región de la franja del litoral Pacífico. La ignorancia y el silencio sobre el pasado y presente de los africanos en México, tanto en la historia oficial, como en la memoria social contemporánea, pero incluso los prejuicios y las prácticas racistas que enfrentan, están estrechamente vinculados con el mestizaje como proceso histórico y como ideología. Empecemos por los factores históricos.

31Varias causas hicieron posible que desde los primeros tiempos después de la conquista, las y los africanos esclavizados tuvieron posibilidades de obtener su libertad y mejores condiciones de vida. Una de ellas fue precisamente la unión formal e informal con otros grupos, sobre todo con los indígenas. Debemos recordar que la esclavitud se heredaba por vientre materno, lo que conducía a que los varones esclavizados prefirieran tener hijos con indígenas libres, y las africanas esclavizadas con españoles, criollos o mestizos, que les ofrecieran quizá la libertad de sus hijos o la expectativa de ciertas condiciones de vida más ventajosas. Varias investigaciones (Velázquez, 2006) han demostrado que el grupo de las y los africanos fue el más dispuesto a unirse con otros grupos y en ocasiones, como en la ciudad de México, especialmente las mujeres.

32Otra causa que explica el mestizaje y la conformación de parejas o familias de diversos grupos, es el interés que representaba para los africanos esclavos tener relaciones e hijos con mujeres “libres”, en su mayoría indígenas, ya que como bien se sabe, la esclavitud se trasmitía a través del vientre. Por su parte las africanas, muy a menudo elegían hombres libres, generalmente con mejores condiciones económicas y sociales, muchas veces tuvieron hijos con mestizos, criollos o españoles. Se debe aclarar que estas pautas de convivencia fueron mas frecuentes en las ciudades, ya que en las haciendas y en los pueblos, las diferencias sociales eran más marcadas. Un aspecto fundamental que ayuda a entender la movilidad económica y social de los africanos y sus descendientes en la época virreinal son las condiciones económicas a las que tuvieron acceso. Las investigaciones han probado que en las ciudades existieron oportunidades para que ingresaran a los gremios y desarrollarán actividades como sastres, herreros, talabarteros, trabajadores de la construcción, pero además para formar parte de gremios con mayor reputación, como el de pintores, en contra de las mismas ordenanzas de estas corporaciones.

33Otra explicación histórica importante es que los prejuicios “raciales” por lo menos hasta mediados del siglo XVIII en la Nueva España, no tuvieron las mismas connotaciones negativas que en épocas posteriores. Se sabe que muchos afrodescendientes en México trabajaron como individuos libres en diversas actividades económicas. Tal es el caso, entre muchos otros de Juan Correa, un maestro de pintor de finales del siglo XVII, de quien se cuentan con testimonios de su vida y las posibilidades que tuvo para conseguir prestigio social y condiciones de vida desahogadas. También Juan Correa es ejemplo de la heterogeneidad de las poblaciones afrodescendientes en la sociedad novohispana. El famoso pintor mulato, tuvo una esclava mulata y al mismo tiempo una nuera y un sobrino esclavo (cf. Velázquez, 1992). Asimismo es necesario destacar que los africanos llegaron a México fundamentalmente entre los años de 1580 a 1650, época en que el color de la piel y la asociación esclavitud-africano, no era todavía tan importante. En una investigación que llevo a cabo sobre esclavitud y racismo he detectado que los criterios para esclavizar a los africanos frente a la prohibición de hacerlo a los indígenas no fueron tan evidentes y que el color de la piel no fue, como muchas veces se sostiene, el motivo primordial9.

34Analicemos ahora, sobre la ideología del mestizaje y la población de origen africano.

35 Sin duda alguna, por lo menos desde el siglo XVIII, y con las nuevas ideas “pseudiocientíficas” sobre la raza, se divulgaron y promovieron pensamientos que vinculaban los rasgos físicos con las características culturales y la asociación de grupos humanos “superiores o inferiores”. Este discurso arribó a México, cuando el mestizaje se había extendido en varias regiones del país en esta época. Humboldt, en su Ensayo Político sobre la Nueva España, que tuvo gran difusión en el extranjero, también divulgó una idea errada y hasta cierto punto manipulada sobre los grupos que formaban parte de la sociedad mexicana. Estas ideas se fortalecieron a lo largo del siglo XIX, y los africanos y afrodescendientes fueron literalmente “desapareciendo” de la historia oficial y de los discursos y proyectos nacionales de liberales y conservadores. Si los “indios” significaban un problema para el desarrollo, la consolidación y el progreso del nuevo país, los “negros” lo eran aún más, por lo tanto debían borrarse del pasado y presente de México. Es interesante mencionar que incluso antropólogos como el mismo Gonzalo Aguirre Beltrán, pionero de los estudios sobre las poblaciones africanas y afrodescendientes en México en los años 50 del siglo XX, hicieron notar en sus investigaciones que los afrodescendientes ya se habían “integrado” a la nación mexicana.

36Entonces, el mestizo que nació, como dice Navarrete, a partir del siglo XIX, era un hijo “bastardo”, pero digno de dos “grandes raíces”, la india del pasado glorioso y la española, relacionada a las civilizaciones europeas, no convenía hacer aparecer el pasado africano en esa unión. Aunado a ello, se debe recordar que el racismo científico, es decir las ideas sobre la existencia de grupos humanos superiores e inferiores se desarrolló precisamente en el siglo XVIII. Es cierto que existieron diversas creencias y métodos de segregación, discriminación económica, social y religiosa, pero con las ideas que antropólogos como Linneo y Gobineau dieron a conocer, se “justificó” el sometimiento y la explotación de ciertos grupos humanos. ¿Cómo justificar que en plena época de las ideas ilustradas, de movimientos como el de la Revolución Francesa y las ideas sobre la igualdad, la libertad y la fraternidad, se estuvieran colonizando nuevos territorios, pero sobre todo explotando y comerciando personas? No es casualidad que durante los siglos XVIII y XIX se desarrollará el auge de comercio de personas esclavizadas de África a regiones como Brasil, Cuba o Estados Unidos, entre otros.

37Nuevos significados adquirió el término raza y la construcción del racismo a partir de mediados del siglo XVIII en la Nueva España, en gran medida, vinculados a que el comercio de esclavos africanos tomó nuevas dimensiones y fueron necesarios argumentos más sólidos que la justificaran. Fue entonces cuando con una explicación "pseudiocientífica", se hizo hincapié en las diferencias físicas y se desarrolló el discurso racista que hasta la fecha tiene eco, basado en ideas sobre la inferioridad o superioridad de los seres humanos por causas físicas, relacionadas con el clima, la naturaleza, el tamaño de la cabeza, entre otros aspectos.

38Aunque los indígenas siempre representaron mayoría en la Nueva España, para mediados del siglo XVIII la presencia de diversos grupos culturales y sociales, sobre todo de las llamadas castas en las ciudades urbanas, era un hecho. El virrey conde de Revillagigedo hacia la siguiente descripción hacia 1755:

[…] El mayor número de los habitantes de este reino se compone de indios reducidos avecinados en pueblos, con reconocimiento en lo eclesiástico y real a los curas y alcaldes mayores; de negros, mulatos, mestizos y otras castas, dispersos en ciudades, pueblos y haciendas, y el menor número de los que dicen españoles, nombre genérico y común a los que vienen de la Europa y a los que nacieron y descienden de ellos en estos países, a quien por denominación llaman criollos... 10

39Como resultado del intercambio y la convivencia, para mediados del siglo XVIII la sociedad novohispana era muy distinta a la de España. No sólo lo distinguían de ésta las formas jurídicas y políticas, sino también la conformación de sus habitantes, como lo señala en 1770 Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de México:

[…] Dos mundos ha puesto Dios en las manos de nuestro católico monarca, y el nuevo no se parece al viejo, ni en el clima, ni en las costumbres, ni en los naturales; tienen otro cuerpo de leyes, otro consejo para gobernar, más siempre con el fin de asemejarlos: en la España vieja sólo se reconoce una casta de hombres, en la nueva muchas y diferentes...11

40El desorden social, las posibilidades jurídicas, el ascenso de diversos grupos en la pirámide social y las aspiraciones de los criollos fueron severamente criticados a partir de la sucesión al trono de los Borbones y el desarrollo de una nueva política cuyo objetivo era retomar el control económico y social sobre las colonias americanas. El gobierno borbónico, cuyas medidas tomaron mayor fuerza a partir de mediados del siglo XVIII, no sólo creó nuevas normas políticas, económicas y jurídicas para acabar con los monopolios controlados por varios sectores sociales en la Nueva España, tales como la Iglesia y los comerciantes, sino también se preocupó por imponer un nuevo orden social en el que las distinciones sociales y raciales adquirieron un nuevo sentido.

41Una de las medidas más representativas, para el tema que aquí se trata, tuvo que ver con reglas para el control de los matrimonios entre grupos pertenecientes a distintos estratos sociales, sobre todo raciales, mediante disposiciones legales más estrictas como la Pragmática Real de Matrimonios, a finales del siglo XVIII, que cambió el orden de las decisiones prenupciales de la Iglesia a la Corona. Es interesante hacer notar que esta nueva legislación parecía estar dirigida de manera específica a la población de origen africano como la principal causante de la desigualdad social. Varias costumbres y prácticas culturales relacionadas con bailes, festejos y otras diversiones cotidianas, fueron también motivo de control social por parte de las autoridades, siguiendo las normas del gobierno borbónico. Como lo ha demostrado Juan Pedro Viqueira (1987), las ideas ilustradas, que en varios aspectos abrieron nuevos horizontes en el pensamiento, la ciencia y la economía, paradójicamente fueron utilizadas para el control de la sociedad novohispana.

42Con el propósito de reafirmar una identidad novohispana propia, distinta a la española, y ante la necesidad de hacer valer los derechos de los criollos, varios pensadores comenzaron a escribir obras sobre la historia de México. En sus textos, estudiosos como el padre jesuita Francisco Javier Clavijero, autor de la primera historia de México, enaltecieron a las culturas prehispánicas y a la presencia indígena como parte importante de la historia y el presente de la patria mexicana, pero despreciaron la presencia africana, como puede apreciarse en la siguiente cita:

“[…] hombre pestilente, cuya piel es negra como la tinta, la cabeza y la cara cubierta de lana negra en lugar de pelo […] de éstos si podría decirse con razón que tienen la sangre dañada y desordenada la constitución” (Clavijero, 1975: 505, 511-512)

43 Años después, José Antonio Alzate aplaudió las ideas de Clavijero e insistió en fomentar sólo la mezcla entre españoles e indios, con lo que dijó se “vería una sola nación blanca, robusta y bien organizada” (Moreno de Los Arcos, 1972:368).

44Los factores que determinaron esta nueva concepción sobre el papel de la nación y la raza surgieron en gran medida de las concepciones ilustradas y científicas de la época, así como de la necesidad de legitimar el auge de la trata de africanos hacia otras regiones de América, desarrollándose una esclavitud sin precedentes en la historia. De este modo, aunque los africanos ya no representaban un problema serio de inestabilidad social para las autoridades coloniales en México y el mestizaje formaba parte ya de la nueva sociedad, estas concepciones raciales estuvieron presentes y sirvieron para justificar el nacimiento de una “nueva patria”, que a la luz de pensadores como Clavijero y Alzate, estaba constituida sólo por españoles e indígenas. Estas ideas se consolidarían a lo largo del siglo XIX, con el nuevo proyecto Estado-Nación que impulsaron intelectuales y funcionarios.

45Las ideas, sobre las características de los grupos humanos, basadas en explicaciones “pseudocientíficas”, puede observarse en varios textos del siglo XIX. Es particularmente interesante la opinión de Francisco Pimentel, a quien se mencionó en párrafos anteriores,  que atestigua muy claramente el pensamiento que prevalecía en muchos sectores sobre el mestizaje, la construcción de la nación y el entonces considerado como “progreso”. Pimentel en una corta carta, argumentó por que era contrario a la “colonización” de los negros, por varias razones que a continuación se analizan.

46Uno de sus principales argumentos se basaba en que no sólo la “raza negra” era apta para poblar tierras áridas, pero suponiendo que así fuera, aseguraba que los “negros” tendrían que trabajar bajo el sistema de esclavitud porque “de otro modo no trabajan los negros” (Pimentel, 1904:510). Para demostrar lo anterior usa las siguientes palabras:

[…] Que la raza negra para trabajar convenientemente necesita ser impulsada por la fuerza, es un hecho que paso a demostrar apoyándome en la observación de antropologistas juiciosos, y en lo que ha ocurrido en diversos países donde se ha dado la libertad a los negros. El eminente Líneo al trazar los rasgos característicos de las razas humanas, dijo hablando del negro: “El africano es astuto, negligente, lento”. En el tratado de antropología, incluso en la excelente “Historia natural” publicado por D. Eduardo Chao, se leen estas palabras. “Los havitos del negro declaran la flojedad innata de su carácter”. Sagot, en su precioso “Estudio sobre el origen y la naturaleza de las razas humanas” sostiene que uno de los rasgos característicos del negro es la falta de aliento propio para llevar adelante cualquier trabajo o empresa… (Pimentel, 1904:510)

47Como puede observarse Pimentel ofrece razonamientos “científicos” de antropólogos europeos, apoyado en intelectuales como Lineo, Sagot y Chao, quienes “dan pruebas” de las características “inferiores” y “problemáticas” de los africanos y sus descendientes. Sustentado en estas ideas, Pimentel demuestra la “necesidad” de esta forma de sometimiento para lograr que “los negros trabajen”, aunque asegura que la esclavitud no es aconsejable y que esta prohibida en México. Sobre estos argumentos es interesante destacar, que obviamente en épocas anteriores existieron ideas teológicas y morales que menospreciaron y discriminaron a otras culturas. Sin embargo, los pensamientos “pseudocientíficos” desarrollados a partir de, por lo menos mediados del siglo XVIII y fundamentalmente en el XIX, dan sustento a los ideólogos o políticos mexicanos como Pimentel, quien las presume como ideas de europeos y las considera como verdades contundentes.

48Además de las características “inferiores” de los africanos y afrodescendientes homogeneizados en esta clasificación de “negros”, Francisco Pimentel alude en esta respuesta al Ministro de Relaciones Exteriores, a la problemática del mestizaje en México, haciendo hincapié en los problemas de los intercambios y una vez más en las “naturales” virtudes y deficiencias de las razas:

[…] No siendo fácil dedicar al trabajo de los campos la raza negra, en el estado de libertad, resultaría que los negros que viniesen a México se diseminarían pronto en nuestro territorio, probablemente como vagos y acaso como malhechores, contribuyendo, sin duda, a aumentar uno de los males que aqueja a nuestro país, que es lo heterogéneo de la población, mal que en todas partes se ha tenido por uno de los más graves, según la opinión de los publicistas… (Pimentel, 1904:511)

49Pimentel señala uno de los principales problemas que aqueja a los gobiernos del siglo XIX con relación a la diversidad cultural y al concepto de nación vinculado a una homogeneidad que diluye y oculta las características de los distintos grupos que componen a un país:

[…] Efectivamente, un agregado heterogéneo de individuos no puede ni aun aspirar al rango de nación propiamente dicha, porque nación es una reunión de hombres que profesan opiniones comunes, que están dominados por una misma idea y que tienden a un mismo fin. En México no hay analogía entre los blancos y los indios; pero mucho menos la habría entre aquellos y los negros. Para probar esto no hay necesidad de ocurrir a los Padres de la Iglesia que suponen a los negros una raza degradada, como descendiente del maldito Cam, ni a los sucesores de Darwin que reputan al negro como una transición del pitecántropos al hombre; bastará fijarse en el hecho de que todo es diferente entre el blanco y el negro: el aspecto físico, el carácter, el idioma, las costumbres, el estado de civilización… (Pimentel, 1904:511)

50Es obvio que la diferencia, el “otro”, lo distinto aparece como un problema para la unión y el progreso de una manera aún más reiterativa, quizá que en el periodo virreinal, pero es notoria además la desconfianza hacia los indígenas y la concepción de éstos como un problema para el desarrollo:

[…] En México tenemos ya dos pueblos diferentes en un mismo terreno y lo que es peor, dos pueblos hasta cierto punto enemigos, pues los indios ven a los blancos con ceño y desconfianza. Ahora bien, ¿los negros inmigrantes se pondrían de parte de los indios o de los blancos? (Pimentel, 1904:511)

51En los comentarios de este intelectual, por supuesto, esta presente la negación de la presencia y participación africana en la historia de México, característica de este periodo. La preocupación y los prejuicios sobre el intercambio de grupos y el mestizaje, complicado y perjudicial para las sociedades y finalmente la posible alianza de grupos con “características inferiores” para la construcción de la nación, también están presentes en las ideas de Pimentel.

52Sin duda alguna, varias de estas ideas pueden reconocerse en los discursos de los funcionarios públicos, de los medios de comunicación y de los entornos familiares en el México actual. Los prejuicios, las ideas construidas con base en un racismo en tomo a la “superioridad” o “inferioridad” de las culturas, apoyándose en explicaciones “científicas” y tomadas como “naturales” han ocupado gran parte de las ideas del siglo XX y México no ha sido una excepción. Por ello la importancia de retomar y entender el pasado y la construcción de ideas y conceptos construidos para justificar y legalizar la explotación y el sometimiento de unos pueblos sobre otros.

53Así, y por distintas causas, tanto en el mestizaje como proceso histórico y en la ideología del “mestizaje”, construida, sobre todo a lo largo del siglo XIX y XX, la participación de las y los africanos en el pasado y presente de México quedó negada y menospreciada. Ello explica, porque hoy es difícil de entender y aceptar que miles de africanos y afrodescendientes formaron parte de la sociedad mexicana, y que todavía existan comunidades afrodescendientes. El mestizaje, como proceso histórico y como ideología explica también el desconocimiento de los mexicanos sobre este pasado, y la dificultad de entender los procesos de intercambio, convivencia y reproducción cultural con otros grupos.

Conclusiones

54Posiblemente, como lo señala el historiador Navarrete, es necesario “desconstruir” al mestizo en México o quizá diría yo, “resignificar” el mestizaje como proceso histórico para entender la compleja conformación de la sociedad mexicana. Lo cierto es que no podemos entender el presente y pasado de México, y de muchos países de Centro y Sud América sin la fecundidad de los intercambios y las convivencias entre diferentes grupos. De acuerdo a ideas más contemporáneas, podríamos pensar en el mestizaje, al mestizo, como resultado de síntesis y diferencias, de enriquecimiento, de suma y como dice Nelly Schmidt (2003) como símbolo de intercambios interculturales.Por tanto habría que considerar que, el mestizaje puede, en vez de negar, homogeneizar o esconder la pluralidad, identificarla y reconocerla. La diversidad cultural no es sólo distinguir o separar, sino entender las transformaciones, los procesos y la complejidad de los mismos.

55Hoy en día comunidades afrodescendientes en México, especialmente de la zona de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, reclaman su reconocimiento e identificación como pueblos negros o afromexicanos. En marzo de 2015 finalmente se incluyó una pregunta de autoadscripción, consensada por representantes de organizaciones sociales afrodescendientes, instituciones gubernamentales y académicos en la Encuesta Nacional Intercensal de México. A pesar de que no se realizaron campañas de información y sensibilización un millón cuatrocientos mil personas se reconocieron como afromexicanas. En la pregunta de autoadscripción se hizo la distinción, entre “sí”, “no”, y, “en parte”, esto último respondía a la aseveración de muchas personas que decían, bueno es que yo soy “en parte” negro o afromexicano, porque mi mamá es negra, pero mi padre es mixteco. Ahora bien, el reto es identificar y reconocer a las poblaciones afrodescendientes sin correr los mismos riesgos, dificultades o errores que experimentaron ilustrados que trataron de hacer un padrón en 1777 (Cunin, 2008), es decir, reconocer la diferencia en la diversidad.

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Notes   

1  Diccionario de Cobarrubias, (1611), Tesoro de la Lengua Castellana o Española, Madrid, Ediciones Turner (facsimilar).

2  Diccionario de Autoridades (1737), Real Academia Española, Madrid, (facsimilar).

3  Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Madrid, 2014, Edición del Tricentenario.

4  Ver entre otros: Good (1998), e Federico Navarrete (2015).

5  Ernest Sánchez Santiró, Padrón del Arzobispado de México (1777), México, Archivo General de la Nación, 2003, no.152.

6  Diccionario de Cobarrubias (1610), (op.cit.) y Diccionario de Autoridades (1737), op.cit.

7  Eso pasó con el padre del pintor Juan Correa, que cuando presentó su solicitud para el cargo de propiedad y el título deseado como barbero cirujano se le hizo un reparo por “tener el color de los mulatos”. Este reparo, al parecer no tuvo consecuencias, ya que el médico siguió trabajando en su cargo. (Cf. Velázquez, 1992:18-19),

8  Sor Juana Inés de la Cruz, fragmento de romance (1680-1686), Obras completas, Lírica personal, edición, prólogo y notas de Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, pp. 102-103.

9  En esta investigación tengo testimonios de que los motivos económicos fueron más obvios y que la conocida como “maldición de Can” no parece haber tenido la trascendencia que se le atribuye.

1 0 Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos, México, FCE, 1965, p. 797.

1 1 Francisco Antonio Lorenzana, Historia de la Nueva España (facs), México, Imprenta del Hogal, 1770.

Citation   

María Elisa Velázquez, «Mestizaje, racismo y afrodescendientes en México: un análisis histórico», Cultures-Kairós [En ligne], paru dans Les numéros, mis à  jour le : 24/01/2018, URL : http://revues.mshparisnord.org/cultureskairos/index.php?id=1600.

Auteur   

Quelques mots à propos de :  María Elisa Velázquez

María Elisa Velázquez Gutiérrez, historian and anthropologist. She is a research professor at the National Institute of Anthropology and History since 1994 to date. She has been a member of the Sistema Nacional de Investigadores since 1998 to date and has served as president and Vicepresident of the Scientific Committee of the UNESCO Slave Route: Resistance, Freedom and Heritage International Project. She has published several publications on African and Afrodescendant populations in Mexico.